«Al llegar la hora del total reposo, solo para el alma pediré la luz, esa luz que estuvo negada a mis ojos desde los umbrales de mi juventud». Así reza uno de los párrafos de la última poesía escrita por el sublime bardo Carlos Miguel Jiménez. El nombre de la poesía, Mi Penumbra, aún hoy interpela nuestras conciencias, tan oscuras como la vida que vivió el gran poeta.
Fuimos a conocer a una gran mujer, en el fondo, al saber parte de su historia, íbamos con la presunción que debíamos llevar ánimo y buena onda, pero en verdad, salimos animados por su aura y llenos de energía por la luz de su inmutable sonrisa. Por esas cosas curiosas de la vida, ella se llama Estela, que en su acepción latina, significa estrella de la mañana, en su etimología griega, el rastro o surco que queda en el aire o en el agua. Se habla de la estela luminosa, de las personas que dejaron huellas.








