A simple vista, Ricardo es uno de los tantos jóvenes que deambulan por las calles de una ciudad en crecimiento. Una legión de niños y adolescentes que crece por los desaciertos políticos y económicos de quienes diseñan nuestro presente y futuro. Aunque él ya está en otra franja etaria, tiene 30 años, parece más joven, confundido en medio del trabajo informal que se multiplica por falta de oportunidades.
Es el segundo de 6 hermanos que en medio de sus avatares, no obstante, siguiendo los consejos de su valerosa madre, Doña Lidia Ruiz Díaz, se abre camino en la vida trabajando y estudiando. Su progenitor se fue de la casa cuando los 6 hermanos eran muy pequeños y quedaron abandonados a su suerte, pero gracias a la mamá guerrera, nunca faltó nada. Doña Lidia trabajaba en una clínica de noche, salía las 6 de la mañana y sin dormir, seguía trabajando hasta el mediodía limpiando casas.









