
LAS LIGAS AGRARIAS A LA LUZ DE LA HISTORIA
Durante las décadas del ’60 y parte del ’70 (hasta 1976), en varias localidades del Departamento de Misiones, se sentaron las bases de una organización inédita en el campesinado paraguayo, un proyecto de autonomía económica, social, hasta educativa, y por ende política, basado en la ayuda mutua, una suerte de cooperativa de pequeños productores cuyos logros fueron notables. Su desaparición forzosa constituye un acto de barbarie de los sicarios de la dictadura, un capítulo de nuestra historia injustamente olvidado, invisibilizado, pero que sigue latente en la sed de justicia de las víctimas, en la marca indeleble de la tortura, y, sigue vivo en el martirio de las diez personas ejecutadas en el Gólgota paraguayo, cuya impunidad y sus cruces, interpelan nuestra memoria histórica.
Los responsables de esta experiencia social y religiosa, fueron los miembros de la Compañía de Jesús, los sacerdotes jesuitas, cuyos nombres, la historia cubrió son su pátina de olvido, pero viven en el recuerdo de quienes lograron burlar por un tiempo al sistema, los que escaparon de las garras de la pobreza extrema, del sistema de castas sociales que condena a los pobres a la eterna miseria y marginación. Para ellos, hablar de Luis Farré, José Ortega, José Luis Caravias, José Miguel Munárriz, todos españoles, y el paraguayo, Vicente Barreto con el firme apoyo del Monseñor Ramón Pastor Bogarín Argaña y el Padre Braulio Maciel, es recordar un breve tiempo de libertad, de crecimiento económico, de bienestar y prosperidad, una breve incursión por el paraíso para después caer al más oscuro de los infiernos, la brutal represión en el lugar conocido como Abraham-cue en abril de 1976, hechos bautizados como la Pascua Dolorosa, aunque no precisamente en la acepción bíblica, que significa liberación, el paso a una vida mejor. El Padre Maciel fue herido en una pierna en el Asalto de Jejuí Guazú al mando del Gral. Irrazabal.