DE CIÉNAGAS, SUEÑOS Y UTOPÍAS, UN MINISTRO.
Boquerón, compañía del distrito de Isla Umbú, Departamento de Ñeembucú, distante a unos 20 km. de Pilar, siempre estuvo lejos de todo. Comarca indómita y rebelde; tuvo una fama bien ganada desde siempre, por el coraje de sus pobladores. Habitarla; impone tener la piel curtida para los rigores de una naturaleza hostil, crudos inviernos, veranos intensos, alimañas, el reino de zancudos, mosquitos y tábanos, y las riadas cíclicas que inundan todo a su paso. Lugar donde se baila el chamamé, donde las cuestiones de honor se dirimen a veces con la fuerza física, donde han vivido míticos personajes como Isidro Velázquez y “Caceres’i”.
De ese mundo, separado de todo vestigio de civilización, en los años ’70 nació un niño a quien bautizaron Víctor. Nació y creció en el rigor, en medio de una pobreza franciscana pero digna, en medio de la nada, trabajando en la chacra con su padre, oyendo de noche la guitarra temple del diablo del abuelo Rubio y los consejos de la abuela Ilde, a quien acompañaba a vender productos en el mercado de Pilar. Creció en medio de hombres recios, duros, pero de gran nobleza y lealtad. Presenció impávido infinitas veces a los policías, llevar detenido a su padre, por el pecado de ser Liberal y por no aceptar las injusticias. En esas noches preñadas de miedo, su único contacto con el mundo era una vieja radio en donde sintonizaba LT 7 Radio Corrientes. De allí su amor a los sones del litoral y de allí su primera fuente del saber, el programa INCUPO (Instituto de Cultura Popular).