La joven investigadora Vanessa Aramí Candia, de la Facultad de Ciencias Aplicadas de la Universidad Nacional de Pilar (UNP), presentó dos trabajos de investigación en las 32° Jornadas de Jóvenes Investigadores (JJI), organizadas por la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM) y realizadas en la Universidad Nacional de Tucumán los días 5, 6 y 7 de noviembre, bajo la consigna “La educación y la ciencia transforman realidades”.
El primer estudio, titulado “Caracterización de los Delitos Contra el Medio Ambiente en la Ciudad de Pilar”, tuvo como objetivo analizar los delitos ambientales registrados entre 2020 y 2025, mediante un enfoque descriptivo y documental basado en datos del municipio y del Instituto Forestal Nacional (INFONA).
Entre las tipologías más comunes se identificaron denuncias por tenencia de animales, patios sucios, quema de basuras y aguas servidas, además de polución sonora y acumulación de residuos. El trabajo revela una reducción significativa de denuncias ambientales, de 3.686 en 2021 a 273 en 2025, atribuida a campañas de concienciación, la pandemia y controles municipales. No obstante, aún persisten desafíos relacionados con la gestión de aguas residuales y la contaminación sonora.
Asimismo, se destaca el aporte del Ecopunto de la Plaza Soldado Paraguayo, que en diciembre de 2024 recuperó 62 kg de plástico, contribuyendo a la gestión sostenible de residuos sólidos urbanos. Estos resultados ofrecen información valiosa para fortalecer la gobernanza ambiental y promover una ciudadanía más responsable en Pilar.
El segundo trabajo, “Análisis Preliminar de la Viabilidad Económica del Bioplástico a partir de la Cascarilla de Arroz en Ñeembucú”, evaluó de manera exploratoria la factibilidad de producir bioplásticos a partir del excedente de cascarilla, un subproducto abundante en la industria arrocera local.
Mediante un enfoque cualitativo y estudio de caso, la investigación incluyó visitas técnicas, entrevistas y observación directa del proceso productivo. Los hallazgos muestran que la cascarilla, lejos de ser un desecho, es un recurso con alto valor energético y económico: el 80% se emplea como combustible limpio y el 20% restante se destina a la alimentación animal.
El estudio concluye que la viabilidad del bioplástico dependería de la articulación entre productores regionales y del desarrollo de un modelo de negocio competitivo que permita aprovechar de manera sostenible el excedente de cascarilla disponible.