UNA GENERACIÓN QUE TIENE QUE HACER JUSTICIA

El conflicto bélico que enfrentó al Paraguay con tres países, Brasil, Argentina y Uruguay; ha ubicado al Mariscal Francisco Solano López Carrillo en el centro de la discusión de esta oprobiosa guerra, para responsabilizarlo de la razón de este devastador hecho histórico o para reivindicarlo como defensor de un país libre y soberano.

Esta disyuntiva histórica es el resultado de una batalla cultural, que tiene más de 150 años, entre quienes llevan «en la sangre como un veneno, el odio del vencedor» y quienes reivindican la inmolación de una nación por una «causa bella».

Un famoso general prusiano, Carl von Clausewitz, afirmó que «la guerra no es sino la continuación de la política por otros medios…», por lo que no se le puede atribuir la causa de la misma a un acto aislado y azaroso, y menos aún, se puede encontrar explicaciones en el remanido relato inoculado por los aliados, que la guerra fue a consecuencia de la megalomanía del Presidente paraguayo.

En su último discurso López afirmó que, «el vencedor no es el queda con vida en el campo de batalla, sino el que muere por una causa bella,…, pero vendrán otras generaciones que nos harán justicia, aclamando la grandeza de nuestra inmolación». Estas palabras, encontraron rápidamente a sus rectores en los novecentistas como Juan E. O’leary, Ignacio A. Pane, Fulgencio R. Moreno, Ricardo Brudagas entre otros, no obstante, Emiliano R. Fernández con su pluma allanó el camino para que el Coronel Rafael Franco en su presidencia derogara los decretos en contra de López y lo declaró «Héroe sin Ejemplar».

Recordar al Mariscal López es recordar, a una nación que quiso determinar su destino, es recordar a los paraguayos y las paraguayas, que comulgaban con una visión de país pujante y libre de influencias extranjeras, por lo que decidieron abrazar la bandera de la soberanía y ser consecuentes hasta el final.

¡Viva el Paraguay!