HISTORIAS DE VIDA: UN PADRE Y SU HIJA RECIBIERON JUNTOS SU TÍTULO UNIVERSITARIO

Padre e hija: Carlos y Debora Ludueña, egresados de la Carrera de Psicología en la Universidad Nacional de Pilar

Buenos Aires, la gran urbe porteña, una de las diez ciudades más grandes del mundo, denominada como la jungla de cemento, es un escenario de contrastes, de grandes historias, de milagros cotidianos, la fábrica de sueños y pesadillas, más cerca de Europa en su arquitectura, más cerca de Estados Unidos en su estilo de vida, y muy lejos de Latinoamérica en su pensamiento y abordaje de la problemática social, escindida entre la modernidad y las villas de emergencia.

Bordea la ciudad la avenida Gral. Paz, fuera de cuyos límites hay un territorio que se denomina conurbano bonaerense, delicado eufemismo que encierra otra realidad, de violencia, de desigualdad, de gavillas mafiosas, de subdesarrollo en contraste con las altas torres de Puerto Madero, a cuyas orillas crece la Villa 31. En este complejo mundo, en San Justo, partido de la Matanza, transcurría la vida de un técnico en bobinado de motores que llevaba 18 años trabajando en una fábrica y junto a su esposa, había logrado conquistar la casa propia, el auto, la estabilidad y seguridad para los tres hijos.

Carlos y sus compañeras de clase.

Fuera de la faena diaria, Carlos Argentino, dedicaba sus horas a Dios, como miembro de la Iglesia Evangélica Asamblea de Dios, cristiano comprometido, luchaba para contagiar la doctrina de Dios a los vecinos de la Matanza. De pronto, un pedido de los superiores cambiaría su vida y la de su familia para siempre. “Carlos, ¿no te animas a viajar al Paraguay? Tenemos la necesidad de trabajar en una ciudad del interior llamada Pilar, y queremos designarte esa tarea…” Dos personas designadas con anterioridad habían desistido y la tercera opción era Carlos Ludueña.

Cuando llegó a su casa, su rostro evidenciaba una preocupación que su esposa leyó al instante, entonces la pregunta de rigor, ¿que te pasa? ¿qué ocurrió? Al mencionar el pedido del Pastor Guillermo López; Sandra, la esposa le dijo, “si es la voluntad de Dios vamos, eso sí, no quiero dejar nada acá, casa, auto, no quiero nada que me recuerde a Buenos Aires”.

Carlos y Debora Ludueña, flamantes Licenciados en Psicología.

Al poco tiempo, la pareja con sus tres hijos de 7 y 5 años, y un bebé de 24 días de vida, viajan al Paraguay, en marzo del año 1997. Al llegar a Mansilla después de 15 horas de viaje notan un cambio, la alta temperatura, pero no sabían que en Pilar sería mucho más aún, con 28 bultos y valijas llegan al puerto de Pilar que los recibe con 39 grados en pleno otoño. Durante una semana, viven en el Hospedaje San Carlos, a media cuadra del viejo puerto, en una habitación de 4 por 4 metros. A 20 años de aquella decisión, el Centro Cristiano de Adoración es una de las iglesias evangélicas más respetadas, con muchos feligreses y con grandes inversiones para mejoras del templo con recursos genuinos.

En otro aspecto de su vida, Carlos Ludueña no había culminado aún el secundario y por insistencia del Dr. Nelson Benítez, un día con su esposa emprendió la conquista de ese ciclo. Fueron 3 años en Cristo Rey, curso nocturno para adultos, y luego, otros 3 años en el Centro de Formación Antolina Lombardi de Jara. Pero faltaba el título universitario, entonces, motivado por su hija Debora que estaba cursando ya una Carrera en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Pilar, decide seguir la Carrera de Psicología Laboral, y comenta orgulloso, “siempre aprobaba todo en primera mesa”, y apenas un año después de la última materia estaba defendiendo su tesis: “La esclavitud moderna” con la cual se recibió de Licenciado en Psicología.

Carlos Ludueña acompañado de su familia.

En diciembre del año 2016, con 53 años de edad y 19 años de residencia, Dios le tenía reservado un gran premio para su historia personal, junto a su hija Debora, recibieron juntos sus respectivos títulos universitarios, brillantes psicólogos lo que demuestra con creces que la Universidad es un espacio para todos quienes necesiten la formación profesional, más allá de cualquier circunstancia. Dice Carlos, “volví a estudiar después de 34 años, y no paré hasta la Universidad, y si tuviera que recorrer el mismo camino, lo haría de nuevo”.

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