HISTORIAS DE VIDA: EL VALOR DE UN CONSEJO

Don Benigno Quiñonez tiene rasgos europeos. Su mirada de un azul intenso, siempre fue la luz y la inspiración de sus 5 hijos. Junto a Benicia, su esposa, criaron a los chicos con una marca de fuego, la honestidad , el respeto y el trabajo como pilares de su formación.

El segundo de sus hijos, Melanio, siempre acompaño a su padre en todas las labores propias de una familia humilde del interior, las vivencias del Paraguay profundo. La siembra de rubros de consumo sobre todo en verano con temperaturas de 40 grados, no es tarea fácil. Luego el traslado y comercialización en Pilar.

En ocasiones iba a pescar con su padre en las tormentosas aguas del Río Paraná. En los momentos de pausa, mientras tomaban mate o el refrescante tereré, don Benigno le decía a su hijo, “nde ko che ra’y ne akã porã, ha oiko hagua ndehegui peteĩ karai guasu re estudia vaerã”.

A fines del 2007 el joven oriundo de Ybycuí desfilaba del brazo de su madre Benicia al culminar el secundario en la localidad de General Díaz, Departamento de Ñeembucú. Entre el público una mujer de tez cobriza y largos cabellos negros no apartaba su mirada del egresado, cautivada por los ojos de cielo de Melanio. El hechizo de su mirada recién tendría consecuencias en Pilar.

En el año 2008 Melanio llega a Pilar, consigue una modesta pieza. Busca trabajo y consigue un puesto en un local de comidas. No sabía muy bien que Carrera seguir. Un día mirando el noticiero, vio un informe sobre Italia y la creciente demanda de enfermeras/os en ese país; eso encendió en él sus ganas de abrazar aquella profesión y cruzar el océano para buscar nuevos horizontes.

Paso una década de su llegada a Pilar. El influjo de su mirada finalmente conquistó a la morena de nombre Nidia Coronel, Licenciada en Trabajo Social y actualmente estudiante cursando el tercer año de la Carrera de Administración de Empresas, y como fruto de ese amor, Melany de 10 años completan el cuadro familiar.

Melanio es el primer graduado universitario de su familia, defendió su tesis ante el jurado examinador que le otorgó la nota 4. Hoy es Licenciado en Enfermería y cuenta con orgullo, “cocinando hamburguesas termine mi carrera y junto a mi señora pudimos comprar una casa”. Sigue haciendo comidas rápidas pero conserva el sueño de viajar a Europa y vivir de su nueva profesión.

La Universidad Nacional de Pilar sigue transformando vidas, comprometida con su comunidad a pesar del contexto de enorme desigualdad.

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